(El coronel de Ingenieros (R) don Carlos Zamorano, ha colaborado en la redacción de este artículo con la transcripción de los documentos originales de Crame.)
Finalizada la visita de inspección a la isla de Trinidad a mediados de marzo de 1777, el brigadier don Agustín Crame se dirigió al tercer punto de su recorrido, la isla de Margarita, donde permaneció tres meses para confeccionar el plan de defensa de la isla.
La isla de la Margarita consiste en dos trozos de tierra situados a unos 25 km al norte de la costa norte venezolana de la península de Araya, unidos por un estrecho brazo de tierra que contiene una laguna. Fue descubierta por Colón el 15 de agosto de 1498, durante su tercer viaje, quien la bautizó como isla de La Asunción por ser aquel día la festividad de la Asunción de la Virgen. Debajo de ella se encuentran las pequeñas islas de Cubagua y Coche. En 1499, los navegantes Pedro Alonso Niño y Cristóbal Guerra la bautizaron como isla Margarita por la cantidad de perlas que encontraron en ella, utilizando para ello la palabra griega μαργαρίτης (“margarites”), que significa “perla”. La isla es la más antigua de las provincias venezolanas, ya que en 1525 el emperador Carlos V creó para ella la Gobernación o Provincia de Margarita. La provincia de la isla Margarita perteneció a la Real Audiencia de Santo Domingo hasta 1739, año en que fue incorporada al virreinato de Nueva Granada; en septiembre de 1777, seis meses después de la llegada del brigadier Crame, la isla pasó a formar parte de la recién creada Capitanía General de Venezuela.
En 1741 el obispo de Puerto Rico hizo un censo de la isla que arrojó la cifra de 11.588 habitantes entre españoles e indios, sin contar los africanos. Crame dice que, para la fecha de redacción de su plan de defensa, la isla estaba habitada por unas 14.000 almas, de las que unos 2.300 eran indios guaiqueríes, gentes pacíficas y acogedoras a los que Crame califica de ”muy leales, y que hacen con mucho amor cualquier faena que se ofrece en servicio del Rey”. Esta población vivía principalmente dispersa en los diferentes valles de la isla en ”casas distantes unas de otras”; solo había dos localidades importantes, la capital de la isla donde residía el gobernador, llamada La Ciudad por Crame, y la ciudad costera del puerto de Pampatar, situadas en la zona oriental de la isla. La población que Crame llama La Ciudad se corresponde a la ciudad de Asunción, que tuvo tres fundaciones diferentes, hasta que en el año 1564 se trasladó a su actual ubicación con el nombre de Santa Lucía, que en 1600 se cambió por el de Asunción. Por su parte, la localidad del puerto de Pampatar fue fundada en 1580.
La isla fue objeto de ataques piratas desde el primer momento. El pirata hugonote francés Jacques Sorés la asoló en 1555 en busca de perlas, incendiando todas las iglesias a su paso. En julio de 1561 la isla fue tomada por Lope de Aguirre, quien llegó a ella desde el Perú con sus correligionarios marañones, mató al gobernador Juan de Villandrando y a cincuenta de sus habitantes en un mes, antes de abandonar la isla en agosto en dirección a Tierra Firme. En 1591 el gobernador de la isla propuso a la corona la unión de las provincias de isla Margarita y Cumaná en una sola, con objeto de apoyarse mutuamente en la defensa, pero la propuesta no prosperó. En 1593 el pirata inglés John Burgh desembarcó en Pampatar para saquear Asunción, produciéndose un sangriento combate entre españoles y piratas ingleses en el que murió el gobernador de la isla.
La noticia de que el pirata Drake se encontraba en las aguas del Caribe obligó al gobernador Pedro de Salazar a comenzar a construir defensas en la isla, que lograron expulsar el intento de asalto del pirata Walter Raleigh en 1595: una torre vigía y una plataforma defensiva en Pampatar, varias trincheras en el camino hacia Asunción y una muralla para cercar Asunción. En 1598 el rey envió ocho piezas de artillería, mosquetes y pólvora a la isla, y dos años más tarde una dotación de 44 soldados veteranos y seis artilleros. El gobernador Bernardo Vargas Machuca (1608-14) descartó construir un castillo en Pampatar, considerando suficiente la obra existente en el puerto, puesto que podrían disparar para dar la alarma y permitir a los vecinos acudir a la costa para emboscar al enemigo y a las trincheras para defenderse.
En 1621 finalizó la llamada Tregua de los Doce Años y España y las Provincias Unidas de los Paises Bajos reanudaron la guerra. Una de las acciones fue el fallido intento de los holandeses por hacerse con las salinas de Araya en 1622; cuatro años después, en 1626, el pirata holandés Balduino Enrico atacó el puerto de Pampatar con el objeto de diezmar la población española de la isla Margarita y mermar las defensas en la zona, pero su ataque fue rechazado por los habitantes españoles, quienes finalmente resultaron victoriosos en los asaltos que los holandeses protagonizaron contra Araya y Cumaná.
Debido a los constantes ataques y amenazas sobre la isla, en septiembre de 1660 la Junta de Guerra encargó al ingeniero Juan Betín[01], que iba destinado a Cartagena de Indias, y al ingeniero Bartolomé de Prenelete[02], que trabajaba en el vecino castillo de Araya, que propusiesen las defensas necesarias en isla Margarita. En un principio ambos oficiales no eran partidarios de fortificar la isla, dada la cantidad de ensenadas y calas donde el enemigo podía desembarcar, inclinándose a mantener las escasas obras existentes y basar la defensa en un número considerable de soldados y oficiales; pero más tarde el ingeniero Betín se mostró partidario de construir un fuerte en Pampatar, quien fue apoyado por Juan Marroquín, un antiguo gobernador de la isla, y los almirantes Juan de Ibarra y Mendo de Contreras, y propuso construir un fuerte cuadrado abaluartado en el morro de Pampatar para una guarnición de 60 soldados, presupuestado en 150.000 pesos, con un coste anual de 13.245 pesos. Tras muchas discusiones y variaciones en el proyecto, la construcción del castillo de San Carlos para la defensa del puerto de Pampatar comenzó en 1662.
Poco duró la tranquilidad de la isla. Dentro de la guerra que Francia mantenía con los Países Bajos holandeses por el control de sus fronteras, en 1676 el rey Luis XIV de Francia ordenó a su almirante Jean d’Estrées atacar los territorios americanos de los holandeses. En esta ocasión, holandeses y españoles eran aliados contra Francia. Por eso, cuando en enero de 1677 una flota de once buques franceses al mando del marqués de Maintenon arribó a la isla Margarita, 600 hombres desembarcaron en ella, vencieron la resistencia del gobernador Francisco de Mexía y sus hombres, tomaron Asunción, ciudad que saquearon y quemaron, y enviaron partidas de soldados a saquear los alrededores. En aquellos años la población total de la isla no superaba los 5.000 habitantes. Los franceses ocuparon la isla tan solo durante ocho días, pero fueron suficientes para hacer grandes destrozos: fueron destruidos la iglesia, los conventos de Santo Domingo y San Francisco, las casas del cabildo, la contaduría pública, la cárcel, la carnicería, la vivienda del gobernador; el castillo de San Carlos resultó muy dañado. El gobernador se atrincheró en el puerto de Portachuelo hasta que los franceses abandonaron la isla.
Tras el ataque francés los españoles propusieron un plan de defensa que costaba unos 40.000 pesos y requería el envío de 50 soldados veteranos de Infantería, otros tantos de Caballería y dos artilleros, que no pudo llevarse a cabo por completo por falta de fondos suficientes. No obstante, retomaron las obras del castillo de San Carlos, que lograron finalizar en 1686. La capital, Asunción, nunca había contado con una fortificación digna de ese nombre. Lo máximo que los gobernadores habían hecho era levantar unos muros en un cerro cercano al que daban el impropio nombre de castillo de San Bernardo, que no merecía. El ataque de los franceses de 1677 puso de manifiesto la necesidad de construir un castillo para la defensa de la capital, el cual se construyó con el nombre castillo de Santa Rosa en el lugar de aquellos muros, que se logró finalizar en 1682. Ambos castillos tenían una dotación de 25 soldados veteranos, cuyos sueldos importaban 8000 pesos traídos desde Caracas.
La falta endémica de soldados veteranos hizo que el gobernador Diego Suinaga y Orbea creara en 1701 una milicia con voluntarios de Infantería y Caballería apoyados por indios flecheros, totalizando una fuerza miliciana aproximada de entre 600 y 700 hombres encuadrados en diversas compañías, número que se mantuvo constante a lo largo del siglo XVIII. Cuando el brigadier Crame llegó a la isla en 1777, la fuerza militar de la isla estaba compuesta por 850 soldados de tropa veterana y miliciana, encuadrados en nueve compañías de Infantería (una compañía de tropa veterana de 77 soldados, cuatro compañías de milicias blancas de 100 hombres cada una y otras cuatro de milicias pardas de 50 hombres cada una), una compañía de Caballería miliciana de 50 jinetes y una de milicianos artilleros de 100 hombres. A ellos se unían unos 550 indios flecheros, con los que Crame proponía formar dos compañías de Infantería miliciana.
En 1762 el gobernador de Cumaná demolió el castillo de Araya, con lo que el castillo de San Carlos en Pampatar quedaba en primera línea. En 1766, un terremoto ocasionó considerables daños en la isla, que afectó bastante a las fortificaciones debido al mal estado de abandono en que se encontraban. El gobernador solicitó la llegada de un oficial de Ingenieros, y la corona designó a Antonio Perelló[03], destinado en la provincia de Caracas, para que realizase un reconocimiento de los castillos. Perelló informó del mal estado de la mampostería de ambas fortalezas, siendo necesario revocar totalmente el interior y exterior de los dos castillos. Respecto a San Carlos, Perelló propuso construir una batería con cuarteles para la guarnición y almacén de pólvora en un cerro cercano, con objeto de mejorar la defensa del puerto de Pampatar. Respecto a Santa Rosa, la falta de foso, el defectuoso estado de los muros y su mala ubicación para defender la ciudad sugirieron a Perelló proponer la demolición del castillo y comenzar a construirlo de nuevo en otro sitio.
El ingeniero general, don Juan Martín Cermeño, no quedó del todo convencido y en 1770 ordenó al ingeniero don Bartolomé de Amphoux[04], destinado en Guayana y que regresaba a la península, que pasase a la isla a informar sobre sus fortificaciones. Amphoux coincidió con Perelló en la necesidad de mantener San Carlos y construir un nuevo castillo para la defensa de Asunción, para cuyo emplazamiento propuso un cerro que domina en lugar donde se había construido el castillo de Santa Rosa. El proyecto de Amphoux y Perelló no se llevó a cabo por falta de fondos. Como consecuencia de la orden dada desde la península que todos los años viajase a la isla un oficial de Ingenieros para informar sobre el estado de las fortificaciones, en 1774 el teniente coronel de Ingenieros don Miguel González Dávila[05] hizo otro proyecto de defensa que tampoco se llevó a cabo.
DOCUMENTO: Plan del brigadier don Agustín Crame para la defensa de la isla de Margarita, de 15 de junio de 1777.
Quizás conocedor del fracaso de las iniciativas de sus predecesores, cuando el brigadier Crame llegó a isla Margarita en marzo o abril de 1777 no hizo ninguna propuesta de construcción de nuevas fortificaciones. Sobre el castillo de San Carlos se mostró partidario de conservarlo para proteger el puerto de Pampatar, sin bien afirmó que ”debo advertir que ... hubiese sido mejor que ... fuese una simple batería cerrada por gola”. Respecto al castillo de Santa Rosa, propuso demolerlo debido a que la defensa de la isla no debería tener como centro la ciudad de Asunción.
En su plan de defensa dela isla de Margarita, que consta de 24 puntos, Crame presenta un panorama poco favorable para la isla, ”famosa en otros tiempos por la pesquería de Perlas”, afirmando que se encontraba en aquellos años ”reducida a la oscuridad y pobreza, que corresponde a la esterilidad de su suelo.” Siguiendo un razonamiento similar al utilizado para la isla de Trinidad, Crame considera que la isla no es objeto de ninguna posible invasión enemiga, ya que su esterilidad la hace poco apetecible ni para el saqueo ni para los cultivos; tampoco lo es para el ”comercio clandestino”, pues tanto Inglaterra como Francia y Dinamarca poseen en el Caribe varias islas para tal propósito. De modo que, si bien es verdad que cualquier enemigo podrían invadir la isla y recorrerla con facilidad, Crame cree que acabarían abandonándola por la dificultad que ofrece su mantenimiento. Es de destacar que Crame no mencionara en su plan la posible invasión de la isla para establecer en ella una base militar desde la cual saltar a la conquista de Tierra Firme.
Crame comienza su análisis reconociendo los posibles lugares de desembarco enemigo: el puerto de Pampatar en el sur y el puerto de La Galera en el norte. Descarta el primero y se centra en el segundo, señalando el puerto Moreno, situado a ”media legua a sotavento” de Pampatar, como lugar más indicado para el desembarco. Por ello, en caso de guerra el gobernador debería concentrar una fuerza de unos 400 hombres con Caballería en los cerros que hay detrás de Puerto Moreno, muy cercanos a la playa, para atacar al enemigo en cuanto desembarcase. El resto de la fuerza debería permanecer en ”la Ciudad” (se refiere a Asunción) y en los valles del norte de la isla. Si el enemigo lograse avanzar hacia Pampatar, el gobernador debería reunir el mayor número posible de soldados y milicias de la fuerza para defender el castillo de San Carlos.
Si el enemigo llegase a tomar el castillo de San Carlos, el gobernador debería retirarse a La Ciudad; pero esta localidad no debería ser el centro de la defensa, sino que el gobernador debería proseguir su retirada hacia el Portachuelo, un lugar situado al norte, entre el mar y La Ciudad, que ofrece excelentes posibilidades de defensa por tratarse de una estrecha garganta a cuyos costados se levantan dos cerros a escasa distancia uno de otro. En la cima de ambos cerros existían unas trincheras construidas por algún anterior gobernador que reconoció la importancia defensiva del paso. Crame propuso construir un reducto para 50 hombres y cinco cañones en uno de ellos, y una batería de tres cañones en la cima del otro para cruzar sus fuegos con él, teniendo esta batería otras dos baterías avanzadas con dos cañones cada una para adelantar sus fuegos contra las avenidas de aproximación del enemigo: a retaguardia, en el llano, se construirían dos cuarteles de embarrado y palma como alojamiento para cuatrocientos hombres, un almacén de víveres y suministros y otro de pólvora, todo ello protegido con una trinchera. Esta fortificación debería detener el avance enemigo y obligarles a dar un largo rodeo y dividir sus fuerzas, de forma que el gobernador quedaría posesionado del lugar y el enemigo, fatigado y desengañado, ”se vería precisado a tomar el partido de la retirada, como sucedió en el siglo pasado... porque nunca pudieron desalojar a los vecinos del norte, que se atrincheraron en el Portachuelo”.
El brigadier Crame realizó planos de los castillos de San Carlos y Santa Rosa y de su propuesta de defensa del Portachuelo, y firmó su plan de defensa el 15 de junio de 1777. En la copia de su plan que posee el Archivo General Militar de Madrid se añade la información, firmada por Andrés González Dávila[06], que las reparaciones de los dos castillos quedaron ”ejecutados y concluidos” en agosto de 1788, once años después de la visita del brigadier Crame.
Finalizado el plan de defensa de la isla de Margarita a mediados de junio de 1777, el brigadier Crame se dirigió a los siguientes puntos de su recorrido: la provincia de Cumaná y el castillo de Araya.
Archivo General Militar de Madrid (AGMM). Caja 6922, signatura 5-3-12-14, plan de Crame para la defensa de la isla Margarita.
Heredia Herrera, Antonia. ”Las fortificaciones de la isla Margarita en los siglos XVI, XVII y XVIII”. Anuario de Estudios Americanos. Jan 1, 1958; 15, ProQuest, pag. 429. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. 98 páginas. 4,6 MB.
Herrera Cuenca, Gabriel. "Fortificaciones y poblamiento en la isla de Margarita frente a los ataques franceses durante el siglo XVII", Historia Caribe Vol. XX No. 47 (Julio-Diciembre 2025): 49-70. 13 páginas, 560 KB.
NOTAS:
[01] El ingeniero Juan Betín no es mencionado por el coronel Aparici ni por López Muillos, quizás por aparecer en 1643 como capitán de Artillería, a pesarde haber sido nombrado Ingeniero militar de las Indias en 1670. Comenzó su carrera como ingeniero en las Indias, cuando en 1658 fue nombrado ayudante del ingeniero Juan de Somovilla trabajando en las fortificaciones de Santa Marta y Cartagena de Indias hasta 1675. En 1677 estuvo en la construcción del castillo de Santa Rosa, en la Asunción, y en la concepción del castillo de San Carlos de Pampatar, ambos en la isla de Margarita.
[02] El ingeniero Bartolomé de Prenelete no es mencionado por el coronel Aparici ni por López Muillos. De el conservamos un plano del castillo de Araya, levantado por él en 1636. Se conserva en el Archivo General de Indias, Ref: MP-VENEZUELA, 20, accesible desde PARES.
[03] El ingeniero Antonio Perelló no es mencionado por Horacio Capel en su obra sobre los ingenieros militares españoles del siglo XVIII. En cambio menciona un tal Juan Perelló, de quien tan solo da dos noticias: en 1778 se encontraba en las Indias como Ingeniero Extraordinario y se propone su ascenso a Ingeniero Ordinario, y que en 1788 es ascendido a Ingeniero de Segunda.
[04] El ingeniero Bartolomé de Amphoux es mencionado por Horacio Capel como Bartolomé Amphoux y Perelló, de quien ofrece varias noticias entre 1721, año en que es nombrado Ingeniero Ordinario, y 1779. Capel nos dice que en 1766 es capitán de Ingenieros en la Guayana con 1000 pesos de sueldo, que en 1769 estaba atrabajando en el rio Orinoco en la batería de El Padrastro y en la isla Fajardo; y que, en efecto, en 1770 se encontraba en la isla margarita trabajando en sus fortificaciones y haciendo el proyecto de un fuerte. Según Capel, Amphoux permaneció en Venezuela hasta 1776 trabajando en la Guayana.
[05] El ingeniero Miguel González Dávila es mencionado por Horacio Capel, quien nos informa que este individuo trabajó en la provincia de Caracas entre 1773 y 1784. Capel confirma que González Dávila estuvo en la isla Margarita en 1773. También nos dice que en 1777, año de la visita del brigadier Crame, era coronel de Ingenieros y comandante en jefe de la plaza de la Guaira; y que en 1783 era el Ingeniero Comandante de la provincia de Caracas.
[06] El ingeniero Andrés González Dávila es mencionado por Horacio Capel, quien nos ofrece dos individuos con el mismo nombre que posiblemente sean la misma persona, pues de uno solo nos dice que en 1726 era Ingeniero Ordinario, y del otro nos dice era Ingeniero Ordinario en 1733 (noticia que es compatible con la anterior), y que desde 1773 hasta 1796 estuva trabajando en la provincia de Caracas. Posiblemente fuese hermano de Miguel González Dávila.