A primeras horas de la tarde del 19 de julio desembarcaron en Melilla los batallones de Cazadores Estella y Alfonso XII, transportados por los buques ”Puerto Rico” y ”San Francisco” respectivamente. Ese mismo día, el ministro de la Guerra, general Linares, conferenció con el general segundo jefe, general Del Río, a quien anunció la movilización de la 1ª Brigada Mixta de Madrid, y le reiteró las instrucciones del gobierno de que no se adentrase en territorio marroquí con estas nuevas fuerzas, sino que atendiera a la defensa de la plaza.
El día 20 de julio desembarcó el batallón de Cazadores Reus, a bordo del trasantlántico ”Cataluña”, con el que finalizó el transporte de la 3ª Brigada Mixta.
El general Marina había recibido noticias del comandante militar de Alhucemas avisando de un posible ataque al norte de la ciudad, por el sector de Cabrerizas y Rostrogordo, creyendo los rifeños que esta zona estaría más desguarnecida por los ataques sufridos por el sur de la ciudad el día 18 de julio. Por ello el general dejó al mando de las defensas de las posiciones al general Imaz y él regresó a Melilla para organizar la defensa del campo exterior de la plaza con las nuevas unidades llegadas. Para entonces contaba con una fuerza de combate de unos 11.700 hombres (incluidos jefes y oficiales) y 525 caballos.
Las noticias procedentes de los comandantes militares de Alhucemas y el peñón de Vélez de la Gomera, así como de los confidentes moros, indicaban que la harka iba engrosando cada día con más guerreros. Se hablaba de los 1.000 hombres que habían proporcionado las cabilas de Beni Urriaguel y Bocoya, los más combativos y la mitad de los cuales iba armado con fusiles Mauser, y de los 1.300 que habían cruzado el rio Muluya por las cercanías de la ciudad de Uxda procedentes de la zona francesa. La harka iba al mando del Chaldy, el Mizzian, Said Aza y otros, que recorrían sus contingentes animando a sus tropas y prometiendo abundante botín antes de comenzar el ataque.
Ya dijimos que durante la noche del 19 al 20 de julio fueron tiroteadas de cerca las avanzadas de Sidi Hamed y del Atalayón, resultado un soldado español muerto y otros seis heridos. El 20 de julio se reprodujo el ataque de los rifeños, generalizándose contra las posiciones de Sidi Hamet, Atalayón, Segunda Caseta y Sidi Musa, especialmente contra estas dos últimas. El ataque duró más de doce horas, desde las 17:00 horas del día 20 hasta las 06:30 del día 21.
A las 17:00 horas del 20 de julio el enemigo comenzó a disparar sobre la posición de Sidi Hamed; algo más tarde fueron atacadas Sidi Alí y el Atalayón. Estas tres posiciones avanzadas fueron hostigadas por el fuego durante toda la noche, sin recibir ningún intento serie de asalto, hasta que los rifeños se retiraron al amanecer del día siguiente. El esfuerzo principal del enemigo se dirigió sobre Sidi Musa y la Segunda Caseta, sabedores que de caer ambas, sobre la última, tendrían en su poder un gran depósito de armamento, municiones y víveres y camino libre hasta la plaza de Melilla, obligando a los españoles a abandonar las posiciones avanzadas para socorrer la plaza y evitar su aislamiento. Enseguida comenzó al ataque a Sidi Musa. A las 20:00 horas, se inició el ataque a la Segunda Caseta. Sobre las 21:00 horas se había generalizado el fuego de cañón y de fusilería en toda la línea.
A lo largo del ataque, desde el campamento del Hipódromo, punto más avanzado de la plaza donde se encontraban los generales Marina e Imaz, se disparó con dos piezas de 9 centímetros y cinco piezas de 7 centímetros sobre los contingentes rifeños que avanzaban desde el Gurugú, logrando dispersarles. A ellos se unieron los cañones del fuerte de San Lorenzo. El cañonero Martín Alonso Pinzón se unió a la defensa efectuando también disparos de cañón sobre los rifeños. Las fuerzas de Infantería del Hipódromo respondieron al ataque con un nutrido fuego de fusilería. Fue digno de elogio la disciplina de fuego observada por las tropas españolas, que durante hora y media aguantaron el fuego sin contestar, siguiendo las órdenes de sus mandos, a fin de hacer avanzar a los rifeños, confiados, permaneciendo en silencio sin que se oyesen más voces que las de mando de los oficiales.
ATAQUE A SIDI MUSA.
Sidi Musa estaba defendida por tres compañías de Infantería (dos de África y una de Mérida), la sección de Ametralladoras de África, dos cañones Krupp destacados desde la batería desplegada en la Segunda Caseta, y una sección de Zapadores, al mando del teniente coronel don José Martínez Pedreira, del regimiento de África. Su reducto se elevaba sobre un suelo muy pedregoso, en el que a duras penas se hicieron parapetos y espaldones para los cañones. A retaguardia, y fuera de ella, el teniente coronel desplegó dos secciones de Mérida para tener mejor campo de tiro sobre el enemigo.
Sobre esta posición, y dando un rodeo al que les obligaron los fuegos de la avanzada de la posición, los moros descendían en nutrido número desde los barrancos y lomas del Gurugú, aprovechando los peñascos para ocultarse, sin detenerse apenas. Pronto tuvieron rodeada toda la posición, a la que se fueron acercando paulativamente a pesar del intenso fuego que desde ella se les hacía.
Una vez anochecido, los moros se lanzaron al asalto desde las alturas del frente y el barranco de su derecha; el frente del barranco de Sidi Musa, a la izquierda de la posición, no fue atacado por estar enfilado por los cañones. Los rifeños aparecieron a retaguardia de la posición, y las dos secciones de Mérida que la guarnecían retrocedieron hasta entrar en la posición; pero el teniente coronel Pedreira se dirigió a ellos, ordenó armar la bayoneta y lanzarse sobre el enemigo al grito de ¡Viva España!, de forma que pudo recuperarse el terreno perdido y recoger los heridos que habían dejado sobre el campo. Finalmente, la presión del fuego enemigo fue tal que los cazadores de Mérida hubieron de retirarse definitivamente dentro de la posición con el apoyo del fuego de fusil de una sección de África, siendo perseguidos de cerca por los rifeños, algunos de los cuales llegaron hasta la alambrada para tratar de cortarla, dejándose varios muertos en el intento.
Durante el resto de la noche los moros hicieron varias tentativas de asalto a la posición, siendo todas ellas rechazadas por los defensores, a pesar de que las municiones comenzaron a escasear desde las 23:30 horas y a lo largo de las horas las ametralladoras y una pieza dejaron de funcionar. En un momento dados la mayoría de los moros se retiró para unirse al combate por la Segunda Caseta. Al amanecer los rifeños abandonaron definitivamente el ataque, siendo cañoneados en su retirada desde la posición por la única pieza en servicio. Los españoles encontraron los cadáveres de 17 rifeños muertos.
ATAQUE A LA SEGUNDA CASETA.
La Segunda Caseta estaba defendida por seis compañías de Infantería (dos de Alba de Tormes, tres de >Mérida y una de Melilla) una sección del escuadrón de Treviño, dos piezas de la batería de Montaña de la 3ª Brigada Mixta, una sección de Ametralladoras y elementos de Zapadores, Telégrafos, Administración y Sanidad, sumando un total de algo más de 800 hombres. Su jefe era el teniente coronel don José Maldonado, del batallón Alba de Tormes.
Los moros iniciaron su ataque por dos frentes a la vez, que fueron rechazados. Feroz fue el ataque por el frente sur, donde se encontraban los depósitos de víveres y material de guerra, de forma que los rifeños llegaron hasta las mismas alambradas españolas. Durante toda la noche los moros intensificaron sus intentos de asalto hasta dejarla completamente rodeada. Cerca del amanecer hicieron un nuevo intento, esta vez con más ímpetu, pues habían sido reforzados por sus compañeros que venían de Sidi Musa hasta alcanzar la cifra de unos 3.000 combatientes, si bien muchos de ellos iban sin armas, esperando recoger la de los caídos. Fracasado este último intento, los rifeños recogieron sus muertos y heridos y se retiraron.
TRAS EL ATAQUE.
Las bajas propias fueron de 105 bajas, dos oficiales y 35 de tropa muertos, un oficial y 67 de tropa heridos:
Con objeto de asegurar y limpiar el frente de rebeldes, a las 13:00 horas del 21 de julio una columna de seis compañías y una sección de Artillería avanzó en orden de combate con objeto de escalar las alturas que dominaban Sidi Musa. Pero al iniciar la subida recibió la orden de replegarse a la plaza, pues en el campo no quedaba ningún enemigo a la vista. Quedaba pendiente el problema del abastecimiento de las posiciones avanzadas, especialmente de agua, que se resolvió parcialmente mediante la construcción de un camino desde la Segunda Caseta hasta Sidi Hamed, pasando por una Posición Intermedia que se estableció en las alturas de Dar Ahmed con una o dos secciones de Infantería; no obstante, los convoyes y su escolta eran constantemente tiroteados desde las alturas cercanas del monte Gurugú.
Mientras, el 21 de julio iniciaba su marcha hacia Málaga la 1ª Brigada Mixta de Cazadores de Madrid, que desembarcó en Melilla entre el 23 y el 26 en Melilla, lista para entrar en combate el 27 de julio en el Barranco del Lobo.