Plan del brigadier don Agustín Crame para la defensa de la provincia de la isla de Trinidad, fechado el 18 de mayo de 1777.

Archivo General de Simancas, signatura SGU, LEG, 7236, 24.

----------oooOOOooo----------

(Este documento ha sido transcrito por el coronel de Ingenieros (R) don Carlos Zamorano, que gentilmente nos lo ha cedido.)

----------oooOOOooo----------

Plan de defensa para la Isla de Trinidad hecho de orden del Rey por el Brigadier de Infantería Dn. Agustín Crame de acuerdo con el Capitán de Infantería Dn. Manuel Fálques Gobernador de dicha Isla.

1º.- La Isla de la Trinidad cuyo centro está en 10 grados, y 8 minutos de latitud septentrional tiene 27 leguas legales de Norte a Sud, y 20 del Este al Oeste en su distancia media: es generalmente fértil, y propia para producciones de azúcar, tabaco, café, añil, Algodón, y cacao, bien que este último fruto parece no hecha tan profundas raíces en las Islas como en la Tierra firme: antes de la calamidad del año 1725 se cogían en esta Isla hasta 800 fanegas al año, y ahora se cogerán como 200. Abunda la Trinidad en maderas; pero no tantas ni con tanta variedad como la Habana, y los cedros, en las tierras bajas son de calidad inferior.

2º.- Todo el ganado que hay no puede llegar a 250 cabezas, y aunque tiene la Isla diferentes sabanas, no todas son cómodas para criar ganado; están algunas sin agua, y otras tienen las aguadas pantanosas.

3º.- En la costa del Norte no se encuentra un Puerto ni abrigo formal para las embarcaciones: y solo para ciertos vientos hay algún resguardo en dos o tres pequeñas ensenadas, aun menos proporción hay en la costa del este; y en la del Sud solo se halla abrigo contra las brisas en la Ensenada inmediata a la Punta de La Galeota. Esta falta de Puertos en las tres costas del Norte, del este, y del Sud, está en cierto modo compensada con ser toda la costa del Oeste un Puerto seguido en cualquiera parte de ella aunque por lo común algo retirado de la misma costa, puede dar fondo cualquier navío, con la mayor seguridad; y en la ensenada de Chaguaramas, inmediata a la Boca de Monos; hay pegado a la misma Playa fondo suficiente para cualquier embarcación; y por consiguiente proporción para carenarse siempre que se ofrezca.

4º.- El vecindario de esta Isla es de 340 Personas blancas, 860 pardos y morenos libres; y 200 esclavos, que en todo son 1400 almas inclusos niños y mujeres. Todos están repartidos entre los dos Pueblos Puerto de España, y San José, y una multitud de estancias, o pequeñas casas de campo en que vive la mayor parte de este vecindario; el número de Indios que forman 12 Pueblos es de 1940.

5º.- Mucha es la pobreza de estos habitantes, y para inferirla se notará que los diezmos se han rematado este año en 150 pesos a los cuales corresponde una renta de 1500, y suponiéndola el duplo será de 3000 pesos que repartidos por 250 vecinos corresponde a 12 pesos la cosecha de uno con otro. Esta corta cantidad a que realmente no llegarían algunos, no quita el que vivan contentos y felices en sus estancias donde la tierra les da con un mediano trabajo lo preciso para su subsistencia, y lo demás lo suplen con la caza y pesca.

6º.- Toda la Tropa que hay en Trinidad son 20 hombres con un Oficial que vienen destacados de Cumaná, y dos compañías de milicias, en las que entran todos los vecinos, que son capaces de tomar las armas. En la Playa de este Pueblo hay una batería de 10 Cañones de diferentes calibres, y las existencias que hay en su almacén se manifiestan en el estado número 1º.

7º.- Las rentas del Rey se pueden reputar en 3000 pesos un año con otro y las atenciones son 6500 no comprendida la Tropa destacada.

8º.- Esta es la consistencia de la Isla de la Trinidad, y aunque se puede decir que está más segura hallándose casi desierta, que otras Islas estando muy pobladas, es menester mucha circunspección para fundar en este principio su seguridad. Es verdad que su pobreza ha servido en varios tiempos rechazar, o hacer inútiles las invasiones enemigas: es verdad también que cuando la propiedad de un país desierto es indisputable, y no confina con las posesiones de otros soberanos, suele ser dicho país el más seguro, y aun servir de barrera para las provincias inmediatas. Es verdad igualmente que el fomento de las colonias, no solo ha de ser con proporción a su fertilidad, sino también con relación a su seguridad; y aun por este fin (llevado, tal vez a un punto de precaución desmedida) está mandado que no se pueblen, ni hagan sementeras en las excelentes tierras que hay en el margen oriental del Orinoco hasta más de 50 leguas de su boca: es verdad que pensando acertar podrán aumentarse los estímulos para el comercio ilícito pero en honor a estas razones, puede haber otras que hagan mayor fuerza, y de cualquier modo reservará el tratar de este asunto hasta que vistas las provincias inmediatas, pueda discurrir sobre él con mayor solidez; ciñéndome por ahora a proponer el Plan de defensa para esta Isla, con consideración al estado en que se halla.

9.- Como la pobreza de la Trinidad, no puede ofrecer incentivo alguno a la codicia de los enemigos; ni hay fortaleza que tomada les pueda asegurar la posesión, no debe recelarse el que los enemigos hagan expedición costosa contra ella; pero si con fuerzas regulares quisiesen invadirla, hallarían en cualquier parte donde desembarcasen los mismos desiertos con corta diferencia, y las mismas dificultades de internarse. Los naturales acostumbrados frecuentemente a la caza, fatigarían continuamente a los enemigos en sus marchas, y campos, y al fin se verían éstos precisados a retirarse con más pérdida que fruto de su expedición. Esto se verá más claramente a proporción que se vea el método que se propone para la defensa.

10.- Aunque estoy muy distante de proponer fortificaciones para esta Isla, la he examinado, y visto por mí mismo, con el propio cuidado que si fuese preciso proponerlas, y para que se conozca el único paraje, donde (si la Isla algún día lo necesitase y el Rey lo quisiese) se podría hacer una fortaleza, diré que es la boca, y Punta del arroyo Mucurapo, que está al Noroeste, cerca de una legua distante de este Pueblo.

11.- Tengo por inútil trabajar a las Milicias de esta Isla en otra cosa que en lo que han de practicar siempre que los enemigos intenten invadirla: y para proporcionarles el modelo de lo que deben aprender, propondría yo que se retirase el destacamento que viene de Cumaná; y en su lugar se levantase una compañía de cazadores con 77 Plazas incluso un Maestro armero, y diez artilleros. La dotación de esta Compañía pudiera ser de:

  • Un Capitán, con 720 pesos al año.
  • Un Teniente, con 480 id.
  • Un Subteniente, con 360 id.
  • Tres Sargentos a 8 pesos al mes, 288 id.
  • Ocho Cabos a 5,5 pesos al mes, 528 id.
  • Un maestro armero a 11 pesos, 132 id.
  • 65 Soldados inclusos dos tambores a tres pesos 6 reales, 2925 id.
  • total, 5433 id.

12.- El Destacamento que hay aquí viene costando al Rey 2256 pesos, que restados de los 5433 resultan 3177 que es el aumento en dinero que se propone para la nueva compañía.

13.- Es verdad que hay otras partidas que añadir. El Soldado no puede subsistir con los tres pesos, y 6 reales, y para que el mismo se busque en fatigas militares lo que le falta para su subsistencia, propongo que a cada soldado, cabo y sargento se le den al mes dos libras de pólvora buena, siete de munición, inclusa una tercera parte de balas; y seis piedras de fusil, lo cual corresponderá al año para toda la compañía a 77 arrobas de Pólvora; 255 arrobas 9 libras de munición y 5472 piedras de fusil.

14.- El uniforme lo pudiera costear el Rey a lo menos por la primera vez, y yo quisiera que se redujese a una chupa de barragán verde con corbatín, y vuelta de lo mismo; botón dorado; sombrero blanco, con una ala levantada, y en ella una pequeña pluma; camisa y calzón de Listado; media ninguna; pero el zapato bueno, y el botín de cuero; las armas serán el Fusil, la Bayoneta, y el Machete.

15.- En el Capitán de esta Compañía tendrá el Rey un segundo comandante (que es indispensable) para el mando de la Isla en cualquier acontecimiento por el cual faltase el propietario; y esta tropa cuya residencia deberá ser la mitad del año en San José, y la otra mitad aquí; enviará a este Puerto cuando esté fuera de él, un Destacamento de 20 hombres inclusos cuatro artilleros.

16.- El Maestro armero que está bien dotado en once pesos no tendrá el beneficio de las municiones que se dan a los demás, y estará obligado a componer continuamente todas las armas de la Compañía pagándole los interesados únicamente el carbón, y demás materiales que sean necesarios para las composturas.

17.- Los Soldados tendrán libertad para ir a cazar todos los días que no estén empleados en servicio alguno, pero siempre avisarán a su Sargento, y darán cuenta a sus Oficiales de la caza que maten.

18.- Cada 8 días se harán cacerías en partidas de 8 a 10 hombres cada una, y tendrán particular cuidado en no perderse unos de otros por el monte, para lo cual establecerán sus señas, y determinarán los parajes en que deberán encontrarse a horas señaladas.

19.- Todos los meses se harán batidas o cacerías generales, acompañando a los cazadores todos los milicianos que pudieren, y se establecerá entre ellos una cierta emulación, y competencia que les sirva de estímulo para perfeccionarse en su ejercicio. Esta práctica aumentará su robustez y los hará despreciar irremisiblemente las incomodidades, y fatigas del Campo, y los dará un conocimiento exacto del País.

20.- Para perfeccionar la instrucción de esta Compañía, y de las Milicias, se podrá hacer una u otra vez, un remedo de desembarco, y marchas de los enemigos; y una imitación de la defensa, que debería hacerse en este caso. Entonces se conocerían mejor las ventajas de quien conoce el terreno, y sabe defenderlo.

21.- Aunque la Compañía de cazadores no exista, deberá imitarse cuanto se pueda por las de milicias el ejercicio que se propone para ella: y suponiendo ahora que haya recelos de invasión, convendría que el Gobernador procure, por cuantos medios pueda, saber con qué fuerzas, y cuando intentarán los enemigos atacarlo; y sobretodo estar siempre prevenido para que nunca puedan sorprenderlo. Una de las primeras diligencias, será enviar una lancha con 10 ó 12 remos, o a lo menos una canoa con 6 bogas a la boca de Monos; la cual pondrá su Vigía en paraje que descubra cualquiera embarcación que se acerque a la Isla por aquella parte; y asegurada de su reconocimiento, vendrá para dar aviso haciendo seña, luego que pase el Gaspar grande y pueda descubrir la Garita de Caroni, donde habrá un Cabo, y dos soldados, que corresponderán a la seña poniendo alguna bandera, para que se sepa prontamente la novedad en el Pueblo.

22.- Con este aviso pondrá el Gobernador en armas toda su gente, y mandará que las mujeres, y niños se retiren a las estancias interiores, o a San José, no dejando en estas inmediaciones cosa alguna de que se puedan aprovechar los enemigos, y si hubiere tenido lugar para tomar con tiempo esta precaución será mucho mejor, pues conviene evitar toda tropelía y confusión.

23.- La Batería de 10 Cañones que hay en la Playa de este Pueblo propongo pasarla al Reducto inmediato, donde conviene hacer los reparos, y aumentar las obras que se proponen en el adjunto plano. Esta nueva Batería cuyo doble estacado la libertará de un golpe de mano vendrá a costar 1500 pesos; en ella se tendrá lo necesario para su servicio, como se propone en el estado de su dotación número 2º, pero solo habrá 20 quintales de pólvora: la restante, las armas de repuesto, y los demás pertrechos que no sean absolutamente precisos se deberán pasar a San José para la custodia, y para la cuenta, y razón de todos los Pertrechos, municiones, y efectos, tengo por necesario el que se nombre un guarda Almacén con sueldo competente.

24.- La guarnición de dicha Batería será en tiempo de Paz de un Sargento con 12 hombres inclusos dos Artilleros; y en el de Guerra de un Oficial con 8 Artilleros, 12 cazadores, 30 milicianos y 20 Indios sirvientes. La demás tropa, y milicias estará apostada en las avenidas del Pueblo; y en la Punta de Mucurapo habrá 15 hombres destacados.

25.- Si los enemigos determinan su desembarco como es regular, entre Mucurapo, y Diego Martín, o entre Ariapita, y Mucurapo se adelantarán varias partidas sueltas, que hagan fuego de lo interior del monte a los primeros que desembarquen, y a los que se vayan internando: Casi todas las veredas que pueden tomar los enemigos para venir al Pueblo son otros tantos desfiladeros en que puede disputarse el terreno paso a paso; pero suponiendo que su constancia, y superioridad venciese la oposición de nuestra Tropa se reunirá ésta para la defensa bajo el fuego de nuestra batería; la cual podría a su tiempo escarmentar la audacia de los enemigos; y no siendo fácil contrarrestar el fuego de nuestro Cañón, sin traer Artillería, ni tomar la Batería de un golpe de mano por el foso, y doble estacada con que estará guarnecida; podrá tal vez un Gobernador de conducta, y tesón no solo contener a los contrarios sino obligarlos a que abandonen la empresa.

26.- Para conseguirse, o malograrse este golpe concurrirían varias circunstancias que no pueden preverse, influyendo también en el suceso la fuerza, y precauciones con que vengan los enemigos. Pero suponiendo que traigan a fuerza de trabajo suficiente artillería para superar el fuego de nuestra Batería (lo que no es dable conseguirse por mar por el poco fondo que hay enfrente de ella) y concediendo que logren en efecto superarlo, aquí es donde ha de manifestar mayor conducta el Gobernador. Ni la Batería se ha de abandonar con anticipación, ni ha de exponer a un conocido sacrificio la tropa que haya en ella. Cuando vea que ya es imposible resistir debe abandonar la Batería reuniendo todas sus fuerzas y apostarlas en el camino de San José. En esta distancia que es de dos leguas y media todo desfiladero, se apostarán los Cazadores, las Milicias, y hasta los Indios flecheros para no dejar dar un paso con seguridad al enemigo.

27.- Como éste puede intentar entrar por el Río Caroni, para desembarcar a una legua de San José, se apostarán buenos Tiradores con número proporcionado de Indios en diferentes tornos del Río los cuales harán en lo cerrado de aquel monte continuo fuego sobre los que suban en las Lanchas, y seguirán hostigándolos sin cesar con el fusil, y la flecha.

28.- Bien se puede presumir que tanta oposición, en un país tan pobre, y tan desierto, fatigaría, y haría desmayar el tesón de los enemigos, por grande que fuese; pero aun concediéndoles que entrasen en San José se hallarían con cuatro casas de paja abandonadas, con obstáculos continuos que vencer, y con nuevos peligros que pasar, para buscar por desiertos, y desfiladeros al Gobernador que con su gente lo supongo retirado a Tacarigua.

29.- Como en esta Isla no hay ni conviene que haya por ahora Fortaleza alguna, bien podrá el enemigo hacer desembarcos, pero nunca podrá contar por suya más tierra que la que pise. El Gobernador con su Tropa, y gente del País los traerá continuamente sin sosiego; y todo el enemigo que se extravíe caerá indefectiblemente en sus manos.

30.- La dilación que trae consigo esta especie de defensa daría sobrado lugar para que llegasen los socorros que deberían pedirse inmediatamente a Guayana, Cumaná, y aun a Caracas: sobre todo los de Guayana podrían llegar a Herín a los 15 ó 20 días de pedidos, en este tiempo si al Gobernador le conviniese podría internarse hacia Sabana Grande para recibirlos.

31.- No puedo determinarme a suponer el caso extremo de que el Gobernador de esta Isla, se viese obligado después de haber disputado su terreno con inteligencia y valor a embarcarse con la tropa que le quedare para la Guayana, pero cuando esto que tengo por casi imposible sucediese, estaríamos en el caso de disputar con los enemigos una Isla desierta, que reuniendo fuerzas proporcionadas sería muy fácil recobrar.

32.- Creo suficiente lo expuesto para que bajo de los principios expresados pueda un Gobernador de Trinidad defenderse con honor y verse libre de que abata su espíritu, ni desarme su brazo la humillante idea de capitular.

Isla de Trinidad el 18 de Mayo de 1777.

Agustín Crame. Manuel Fálquez

Es copia del original., Trinidad el 18 de Mayo de 1777.

Agustín Crame (firmado)