A las 08:00 horas del 9 de julio, un grupo de rifeños de la Barraca, con algunos miembros de la cabila de Beni Bu Ifrur, atacó los obreros españoles que construían un puente sobre el arroyo de Sidi Musa en el barranco de Beni Ensar a cuenta de la Compañía de Minas del Rif. Su intención era capturar un número de obreros para canjearlos por los rifeños que el general de Brigada don Pedro del Real había capturado el 4 de julio al frente de una columna de castigo sobre el Zoco el-Arbáa, Charrauit y Lehadara que partió de la Restinga. El ataque se cobró la vida de seis obreros y un séptimo herido. Augusto Riera nos dice los nombres de cuatro de ellos: Emilio Esteban, natural de Jérica (Castellón), casado, con dos hijos; el capataz Cristóbal Sánchez, casado y sin hijos; un cubano mulato, llamado Tomás Almeida, y el obrero Salvador Pérez. Los supervivientes al ataque se retiraron precipitadamente en tren de balaste hacia el Hipódromo, buscando la protección de las tropas españolas allí apostadas.
La reacción española fue inmediata. Las dos compañías del regimiento África que estaban de retén en el Hipódromo, al mando del teniente coronel don Enrique Baños Pérez, fueron embarcadas en dos trenes de la Compañía Norteafricana y se dirigieron al lugar del ataque. Allí recogieron los cadáveres de los obreros y se desplegaron para trabar combate con los rifeños apostados en las alturas, que fueron reforzados por los que se hallaban en los alrededores.
Poco después, el general Marina partió con una columna al lugar del combate. Previamente, para asegurarse la neutralidad de los rifeños de Frajana, les envió un mensaje diciendo que su intención se limitaría a castigar a los agresores. Marina llegó hasta la Primera Caseta al frente de las siguientes unidades, que cubrieron los cuatro kilómetros que los separaban de la plaza en tan solo media hora:
Mientras tanto, el general segundo jefe preparaba un convoy de municiones y víveres y desplegaba tres compañías de Melilla en la Posada del Cabo Moreno, los Lavaderos y Fuerte Camellos, y la sección de Ametralladoras de Melilla y una sección de Caballería en el Hipódromo.
Con objeto de asegurar el flanco derecho del dispositivo español, el general Marina dispuso que la batería de Montaña emplazara sus piezas en la Primera Caseta y cañoneara las lomas de Sidi Musa, mientras ordenaba al coronel don Ignacio Axó González Mendoza, jefe del Regimiento África, que con dos compañías de su regimiento reforzase al teniente coronel Baños, cuyas dos compañías estaban desalojando al enemigo de Sidi Musa a punta de bayoneta, y expulsase a los moros de aquellas lomas. Mientras tanto, la sección Plasencia desplegó en la Segunda Caseta y la batería Montada a mitad de camino de ésta.
Asegurado su flanco derecho, el general Marina se dispuso a atacar y ocupar la extensa loma de Sidi Hamet el-Hach, que cierra el camino a Nador. Para ello, dos compañías de África y las dos de la Brigada Disciplinaria atacaron de frente, apoyadas por el fuego de los cañones, mientras que por el flanco izquierdo lo hacían una de Melilla y otra de África. El avance de las tropas era muy lento, hostigado por los nutridos disparos de los rifeños apostados en las estribaciones del Gurugú por la derecha y por extremo izquierdo de la meseta de Sidi Hamet, por lo que el general ordenó al coronel don Francisco Larrea Liso, Jefe de Estado Mayor de la Comandancia, que con una sección de la Brigada Disciplinaria, otra compañía y la sección de Ametralladoras tomase el mando de las dos compañías del flanco izquierdo y buscase otra dirección para atacar la loma por la izquierda.
Desalojados por fin los rifeños de las faldas de Sidi Hamet el Hach, la batería de Montaña cambió su emplazamiento hasta la loma de Dar Ahmed y se dispuso a apoyar la última fase del ataque: la expulsión definitiva de los rifeños de la cumbre de Sidi Hamet el Hach, misión que ejecutó el coronel Larrea al frente de dos compañías de la Brigada Disicplinaria y otras dos de África. Por último, el comandante don Leoncio Moratinos avanzó hasta Sidi Alí para ocupar esta loma con una compañía de su regimiento, África, y la sección de Ametralladoras.
El combate finalizó sobre las 13:00 horas, con un total de 31 bajas españolas: 1 oficial y 5 soldados españoles muertos, y 3 oficiales y 22 soldados heridos.
Confidentes rifeños aseguraron que sus bajas en el día fueron de nueve muertos y numerosos heridos.
A continuación, el general Marina ordenó ocupar cinco posiciones con ocho compañías de Infantería, para ocupar el Atalayón posteriormente el día 13:
Finalizado el combate, el general Marina estableció su cuartel general en Sidi Hamet el Hach y dirigió el siguiente telegrama al ministro de la Guerra, general Linares, dándole cuenta de la agresión de los moros y de la consiguiente operación de castigo:
"A los ocho de la mañana un grupo de moros cayó sobre los trabajadores de las líneas férreas, pasando a cuchillo a varios españoles.
Inmediatamente salí con la Brigada Disciplinaria y seis Compañías de África, seguidas de cerca por otras de Melilla, con Baterías y una Compañía de Plaza, una Sección de Ingenieros y un Escuadrón, encontrando las fuerzas enemigas parapetadas en los obstáculos naturales del terreno, sobre las alturas que dominan el caminio y las vías por flanco derecho.
Después de convenientemente cañoneada la posición, han sido desalojados sucesivamente de tres alturas, por el frente, y otras más a la derecha, hasta coronar la estribación del grupo, designada en croquis con el nonvre de Yebel-Sidi-Ametil-Hach.
El combate ha terminado a la una de la tarde, quedándome con fuerzas en las posiciones conquistadas.
Las bajas, aunque sensibles, no parecen numerosas; hasta ahora, conócese la muerte del Teniente Salcedo, de la Brigada Disciplinaria; heridos el Capitán Riquelme, de la oficina indígena, el Teniente Molina, de la Brigada, y unos treinta individuos este muertos y heridos. El espíritu de la guarnición es excelente."
Al informar al gobierno de lo ocurrido, el general Marina obtuvo permiso para fortificar las posiciones ocupadas y ocupar también el Atalayón, lo que hizo con una sección de una de las compañías de Melilla desplegadas en Sidi Hamet; además, el gobierno informó al general que iba a enviar a Melilla la 3ª Brigada Mixta al completo en unos cinco días, en cuanto finalizase su movilización, completar la dotación de explosivos de Zapadores y comprar el material necesario para acuartelar y mantener las tropas en el recinto exterior de la plaza. Con ello quería evitar lo ocurrido en la campaña de Melilla de 1893.